Son tus hijos

02 Jul 2024

Introducción: El Fundamento de Nuestra Misión

Cada que una familia nueva llega a la escuela tenemos una reunión en la que yo les explico lo que creemos y lo que hacemos. Y siempre, sin falla, leemos este texto bíblico que te voy a leer. De este texto emanamos todo lo que hacemos, todo lo que somos, todo lo que creemos, y de ahí sale nuestra relación de escuela hacia papás.

Creo que es, de verdad, el fundamento, lo más importante que nos da nuestro llamado. ¿Qué es una escuela? ¿Para qué existe una escuela? ¿Qué dice la Biblia acerca de la escuela?

Aplicación: Es vital que nuestras instituciones (escuelas, iglesias) fundamenten su misión y visión en la autoridad de la Palabra de Dios. Debemos ser transparentes sobre lo que creemos desde el principio. Pregunta de reflexión: Si Cristo y Su evangelio son el centro de nuestra misión, ¿cómo estamos comunicando esa verdad fundamental en todas nuestras interacciones diarias?

El Fundamento Bíblico: El Shemá

Te lo voy a leer, es en el libro de Deuteronomio capítulo 6, versículos del 4 al 7. Es el famoso shemá. Si conoces a un judío, se lo sabe de memoria. Es importantísimo para entender el rol de la escuela, pero más que nada, el rol de los padres. Ahí te va:

Escucha, Oh Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las enseñarás diligentemente a tus hijos y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

Aplicación: Este texto no es solo un mandato cultural, sino un recordatorio de la singularidad de nuestro Dios y del amor total que Él merece. Nuestra enseñanza fluye de nuestra devoción. Pregunta de reflexión: Al examinar mi corazón, ¿mi amor por Dios es el motor principal que impulsa mi deseo de enseñar a otros (especialmente a mis hijos) acerca de Él?

Desarrollo: La Responsabilidad Primaria de los Padres

Si nos vamos a la palabra, como queremos hacer siempre en estos episodios, siempre queremos ir a: ¿Qué dice la Biblia? No importa qué digo yo, no importa qué piensan las maestras. ¿Qué dice Dios?

"Las enseñarás diligentemente a tus hijos".

Dios, a través de Moisés, le está hablando a los papás. Nos está hablando a los papás. Nuestro trabajo es educar. Nosotros somos los que enseñamos, nosotros somos los que educamos.

A los papás siempre les digo: "Tú conoces mejor que nadie a tus hijos. Tú los amas más. A ti Dios te va a revelar de manera sobrenatural qué está pensando, qué está sintiendo, qué tienes que hacer para ayudar". Nosotros como escuela (incluyo aquí a todas las escuelas del mundo) estamos para ayudar, estamos para servir a los papás. Porque Dios a los papás les dio el mandamiento, la responsabilidad, la gracia y el conocimiento sobrenatural de qué necesitan los niños.

Si atendemos esta palabra: "las enseñarás diligentemente a tus hijos", todo se acomoda. Cuando un papá asume y entiende: "Son mis hijos y Dios dice que su educación me toca a mí. Mujer, como dice el profe chido, mujer, son mis hijos, yo me voy a encargar. Vamos a hacer esto tú y yo, vamos a formar así a nuestros hijos". Entonces la escuela se acomoda y es: "¿Cómo te sirvo? ¿Cómo te ayudo a que tú cumplas tu responsabilidad, tu obligación? Porque solo tú tienes la gracia de hacerlo. Solo a ti Dios te va a dar esa gracia para hacer tu responsabilidad".

Aplicación: La educación de los hijos es un mandato divino entregado principalmente a los padres, no a la escuela. Las escuelas e iglesias son un apoyo vital, pero nunca deben usurpar el rol que Dios diseñó para la familia. Pregunta de reflexión: Sabiendo que la gracia de Dios es suficiente para mi llamado como padre/madre, ¿en qué áreas necesito arrepentirme de delegar mi responsabilidad y pedirle a Dios fuerzas para asumirla?

Aplicación Práctica: La Escuela como Socio, No como Sustituto

Y aquí tengo un caso que me fascina. Lo cuento muy seguido, y espero que la familia que escuche este podcast se identifique y sepa que hablo de ellos.

Estábamos empezando, llevábamos meses de haber empezado la escuela, tres meses. Y entró un alumno; venía de un Montessori. Visitaba la dirección... de esos alumnos viajeros frecuentes, visitaba la dirección, no miento, tres veces al día. Había días que las clases no habían empezado y él ya estaba en mi oficina. E intentamos todo: disciplina positiva, disciplina negativa, premios, casi casi sobornos, y nada funcionaba. Fue bien difícil. Ahorita lo digo como en chiste, pero fue bien difícil porque la escuela estaba empezando, yo me sentía incapaz y yo sentía que estábamos fracasando como escuela. No podíamos hacer nada para que este joven agarrara la onda, que dejara de hacer esas cosas que a él le hacían daño y que estorbaban en la comunidad.

Y entonces, un día, completamente derrotado, tomé mi celular y le hablé al papá, que era mi amigo. Le dije: "Amigo, te quiero pedir perdón. Fracasamos como escuela, fallamos. No hemos podido hacer que tu hijo agarre la onda". Y me dijo: "¿De qué me hablas?". Le expliqué lo que habíamos estado haciendo y lo que su hijo estaba haciendo, y su respuesta... Dios usó su respuesta para ayudarme a entender el rol de la escuela. Me dijo: "No sabes cómo te agradezco, porque en la escuela en la que estaba mi hijo, no me enteraba yo de nada, no me decían nada. Hubo una racha en la que mi hijo no entró al salón no sé cuántos días y no me dijeron nada. Y para cuando me enteré, ya había pasado mucho tiempo. El hecho", me dijo mi amigo, "de que tú me hables ahorita y me digas lo que está pasando ahorita, me permite a mí como papá hacer algo". Dije yo: "Ah, caray. Aquí hay una verdad que vale la pena explorar". Le dije: "Bueno, pues te voy a explicar todo lo que está pasando".

Pasaron por el chavito. Al día siguiente, en la mañana, Dios me imprimió en mi corazón lo que era nuestro, lo que era mi rol como director. Porque el niño se bajó del coche de su papá y corrió a abrazarme.

Y ahí entendí: cuando papá, cuando los papás hacen su trabajo, los niños se sienten amados y los niños se sienten seguros. Y cuando en casa y en la escuela hacemos equipo, el niño entiende: "Okay, ya, ya entendí. Aquí sí tengo que cumplir las reglas. Aquí sí tengo que seguir las instrucciones".

Y entonces este chavito, que se ha convertido en... es hermoso, de verdad. Solo en Cristo pueden pasar estas cosas. Es el hijo de mi amigo, y él es mi amigo. Es un alumno de la escuela que es mi amigo y que amo profundamente. Y hemos caminado muchas cosas juntos, pero todo empezó con el papá asumiendo su rol y su responsabilidad de: "Es mi hijo, yo lo voy a educar".

Aplicación: La comunicación honesta y a tiempo entre la escuela y los padres es crucial. Permite que los padres cumplan su rol activo, y cuando los padres actúan en amor y disciplina, los hijos encuentran seguridad en ese liderazgo unificado. Pregunta de reflexión: ¿Estoy viendo a la escuela (o iglesia) como un socio en la misión de discipular a mis hijos, o como un servicio al que culpo cuando las cosas salen mal, en lugar de ver mi propia responsabilidad?

Ilustración: Los Vikingos y la No Delegación

En la iglesia en la que asistimos aquí en Querétaro, hace algunos años teníamos los grupos de hombres que se llamaban "Los Vikingos". Y te voy a platicar por qué se llamaban Los Vikingos. Porque la historia cuenta que los barcos de los vikingos eran temidos en todo el mundo porque los vikingos no usaban a los esclavos para remar; los guerreros eran los que remaban. Entonces, tú no querías enfrentarte con un barco vikingo porque los que estaban remando eran los vikingos, no esclavos. Eran más poderosos, eran más potentes, no se rendían porque ellos estaban remando por sus vidas. No le habían delegado a un esclavo su trabajo, su responsabilidad.

Y eso es lo que queremos comunicar con este episodio. Que si tú tienes hijos, primero que nada, que abraces entender: son tus hijos.

Aplicación: No podemos delegar las tareas más importantes de la vida, especialmente el discipulado de nuestros hijos. Debemos "remar nuestro propio barco" con el poder que Dios nos da. Pregunta de reflexión: El evangelio nos llama a tomar nuestra cruz (no a dársela a otro). ¿En qué aspectos de la crianza estoy tentado a buscar un "esclavo" (TV, escuela, ministerio) para que haga el trabajo difícil que Dios me ha encomendado a mí?

Reflexión: El Poder Único de los Padres

Nadie los conoce tan bien como tú. Nadie los ama tanto como tú (solo Dios). Nadie está en la posición de influencia en la que estás tú.

Si has escuchado alguno de los otros episodios, habrás escuchado cuando Dios habló desde el cielo y le dijo a Jesús: "Tú eres mi Hijo amado, estoy complacido en ti". Y el efecto que eso tuvo en Jesús. Tus palabras tienen un efecto mucho mayor que lo que nosotros como escuela podemos hacer. Como escuela podemos abrazar, y lo hacemos. Podemos dar palabras de seguridad, y lo hacemos. Podemos recompensar, podemos animar, y lo hacemos. Pero es como un granito, es como una gotita que vamos así llenando el vaso, gotita a gotita. Yo veo cuando un papá dice palabras de afirmación, cuando un papá abraza, cuando una mamá ve a los ojos y le dice: "Wow, estoy orgulloso de ti". No es una gotita, es una jarra que le están llenando el corazón del niño.

Y eso es de lo que queremos hablar hoy. Es justamente: son tus hijos. No te dejes. Hay una agenda, hay un propósito de querer decir: "son nuestros hijos, son los hijos del Estado, son los hijos de la comunidad, son los hijos de la sociedad". No es cierto. Son tus hijos. No dejes que te los quiten. Y no delegues tú la gran oportunidad que tienes de tú formarlos.

Aprovecha. En otro episodio hablaremos de estrategias, de herramientas en las que tú puedes incidir en la vida de tus hijos. Pero en este simplemente queremos poner en la mesa: no te dejes robar la oportunidad, la gracia, la gloria de ser ese principal maestro, esa principal persona que discipula, que invierte, que comunica los valores, porque nadie lo va a hacer mejor que tú.

Ahora, tú dices: "Es que estamos divorciados y no hablo con mi esposo". Tú eres el papá, tú eres la mamá. "Es que soy madre soltera y el papá no figura". Tú eres la mamá. No hay nadie más en el mundo que lo ame como tú lo amas.

Nosotros servimos. Las escuelas del mundo sirven, ayudan, apoyan, pero nunca nadie puede tomar tu lugar. Y eso creo que es importantísimo. Y cuando los papás lo entendemos, los niños florecen.

Aplicación: Tus palabras como padre o madre tienen un peso y una autoridad únicos dados por Dios. Ni la mejor escuela puede reemplazar el impacto de tu afirmación, abrazo y dirección en el corazón de tu hijo. Pregunta de reflexión: Si Dios Padre afirmó a Jesús en Su identidad antes de Su ministerio público, ¿cómo estoy usando mi posición dada por Dios para afirmar la identidad y el valor de mis hijos en Cristo, en lugar de solo corregir su comportamiento?

Conclusión y Siguientes Pasos

En otro episodio hablaremos del tema de la lectura y cómo hemos descubierto que ese vínculo que se crea con la lectura es importantísimo. Pero aquí simplemente queremos dejar bien en claro: tú eres el papá, tú eres la mamá. Aprovéchalo. Es un tiempo cortito que los tienes en casa, no desperdicies el tiempo.

Los amamos, los bendecimos y esperamos que este episodio les haya sido de utilidad. Cualquier comentario, por favor escríbanos, estamos para servirles. Preguntas que tengan al respecto, nos encantaría tener un episodio de preguntas y darle respuesta, otra vez, conforme a lo que dice la Palabra, porque esto es lo que importa, no lo que pensamos nosotros.

Citas Bíblicas de Fundamento

Deuteronomio 6:4-7 (LBLA): "Escucha, oh Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las enseñarás diligentemente a tus hijos y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes."

Proverbios 22:6 (LBLA): "Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él."

Efesios 6:4 (LBLA): "Y ustedes, padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino críenlos en la disciplina e instrucción del Señor."

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