Introducción
Bienvenidas a un episodio más. Hoy tengo una invitación para ti, o un reto, o quiero que me acompañes a mí en hacer algo: yo quiero cambiar la narrativa. Quiero cambiar la narrativa de que nadie la tiene más difícil que las mujeres.
Hoy, nuevamente, estaba escuchando lo que yo creía que era un mensaje de una psicóloga que estaba hablando de valores; incluso por ahí escuché que estaba hablando de la Biblia. Entonces me puse a escuchar lo que ella estaba diciendo y de repente empezó con este mensaje que hemos escuchado tanto y del que yo ya estoy cansada. Te voy a decir por qué estoy tan cansada y por qué me apasiona tanto hablar de esto.
El mensaje nos dice que, como mujeres, estamos haciendo el trabajo de cinco personas; que estamos manejando y malabareando todo a la vez, que estamos cansadas pero que no levantamos la voz y estamos llevando esta carga en silencio. Básicamente es: "Pobrecitas de nosotras, a nadie le tocó más difícil que a ti".
Reflexión sobre la Victimización
Te voy a decir por qué me apasiona y por qué me enciende tanto este tema: porque yo me lo he creído, no una vez, sino mil. Cuando yo ando cansada o inconforme, escucho este mensaje flotando por ahí en las redes o en alguna conversación, me agarro de él y digo: "Claro, es que por eso estoy tan cansada, porque yo estoy haciendo todo, porque nadie está haciendo tanto como yo".
Dime una cosa, ¿ese es un mensaje que empodera? No, es un mensaje que destruye. Es un mensaje que nos victimiza, que te está repitiendo: "Pobrecita de ti, nadie la tiene tan difícil como tú". Mamás, esposas... pobrecita de ti, casi que vete a llorar a un cuarto porque ¡qué difícil te tocó! Y después de que dejaste de llorar, ven, levanta tu bandera, declárate inconforme y di: "No más".
Porque al final, a eso es a lo que lleva ese discurso. Si te sacuden lo suficiente, si te empujan lo suficiente, si nos repiten lo suficiente a las mujeres que nadie la tiene tan difícil como nosotras e implicando que la demás gente no hace nada, llega un momento en que dices: "Bueno, ya no más, estoy harta". Ese mensaje produce un tremendo egoísmo porque todo gira alrededor de ti.
El Conflicto en el Hogar
Luego, si yo soy la víctima y a mí me han cargado el plato como a nadie más, tiene que haber un "malo" en esta historia. Generalmente es el hombre, la sociedad o el patriarcado; dile como tú quieras, pero a mí me hace inmediatamente enojarme contra mi esposo. Estoy segura de que no soy la única, porque tengo que encontrar un culpable de esta insatisfacción y de esta injusticia que supuestamente se ha cometido contra las mujeres.
¿Quién la causó? ¿Los hombres? ¿Mi esposo? Y entonces ahora ya tengo al enemigo en casa. Quien debe ser mi mayor confidente, mi mayor aliado y mi compañero de batalla, se convierte en alguien contra quien empiezo a pelear porque "yo estoy haciendo todo". Incluso, después le empiezo a pasar ese resentimiento a mis hijos.
Esto nos roba todo el gozo de lo que tenemos delante; el gozo de poder hacer el trabajo para el cual Dios sí nos ha capacitado. Ya no hay alegría; estamos haciendo todo con un corazón resentido, victimizado, enojado y triste.
Fundamento Bíblico
Este mensaje son puras mentiras. ¿Sabes dónde encontramos la verdad? Aquí. La Biblia está llena de un mensaje de verdadero fortalecimiento que Dios nos da. Dios nos dice: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece".
Dios nos ha capacitado, amigas, a ti y a mí para hacer el trabajo al cual Él nos ha llamado: trabajo de esposa, de hija, de mamá, de amiga. Incluso si tú también trabajas fuera del hogar, Dios te ha capacitado para eso. La Biblia también nos dice: "Vengan a mí todos los que están cansados, y yo los haré descansar".
El trabajo que tenemos delante de nosotras es difícil, sí; es un reto, es pesado y muchos días son pesadísimos, pero necesitamos de Dios. Necesitamos que Él nos sople nuevas fuerzas. Necesitamos estar bien plantadas en Él para saber a qué decir que sí y a qué decir que no, pero no necesitamos voltearnos con nuestro esposo y decirle: "Esto es injusto, tú no estás haciendo lo suficiente".
Valorando el Diseño de Dios
Dios nos ha dado diferentes talentos, habilidades y roles dentro de la casa y de la sociedad. Yo no veo nunca que se esté alabando o aplaudiendo todo lo que sí hacen los hombres. Fíjate en las noticias, artículos o redes sociales: escuchas que las mujeres lo tenemos difícil, pero ¿escuchas a la par que el hombre también "se la rifa" o cómo dan la vida por sus familias? No.
Sé que hay excepciones y hombres que hacen muy mal su trabajo, pero de la misma manera hay mujeres que fallan. Sin embargo, no escucho que se le aplauda a los hombres las labores que realizan. Mi esposo chambea duro por mí y por mis hijos; se esfuerza todos los días, lleva una carga emocional fuerte de proveer y proteger. Él es un líder en mi casa, y si yo me creo el mensaje del mundo, no veo nada de lo que él hace.
Aplicación Familiar y Generacional
Este mensaje de victimización no nos ayuda a amar el trabajo que tenemos delante, ni nos ayuda a criar a nuestros hijos. Si les pasamos este sentimiento de "pobrecita de la mujer" a nuestras hijas, ellas, en vez de soñar con la maternidad o el matrimonio, crecerán pensando que les tocó la peor parte.
A la vez, a nuestros niños les estamos minimizando lo que son y aquello para lo cual Dios los creó. Desde chiquitos escucharán que las que realmente se esfuerzan son las mujeres y que los hombres "quién sabe qué hacen todo el día". ¿No será que la imagen proyectada es la de un papá sentado viendo la tele mientras la mamá hace todo?
Conclusión y Reto
Yo creo que tú y yo podemos decir: "¡Basta!". Este mensaje no nos anima, nos está destruyendo. La Palabra nos dice que Jesús vino a este mundo para servir y no para ser servido, y que "más bienaventurado es dar que recibir".
Únete a mí. Basta ya de estos mensajes que solo causan enemistad con nuestros esposos y nos dan un corazón resentido. No queremos ser víctimas; eso nos vuelve egoístas y no trae paz ni felicidad. El mensaje verdadero es: nos ha tocado un gran trabajo y una gran responsabilidad, ¡y qué increíble es saber que Dios nos capacitó!
La tarea para esta semana: Ve allá afuera y comparte este mensaje con amigas, mamás y compañeras. Cambiemos la narrativa y digámosles: "Qué increíble todo lo que Dios nos encomendó". Es una labor grande, pero todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.
Nos vemos para la parte dos de este episodio para continuar viendo qué nos dice Jesús sobre cómo debemos amar y servir a los demás. Gracias por escucharme.