La importancia de la disciplina.

10 Jun 2024

Empecemos. En esta ocasión vamos a hablar acerca de la disciplina y del modelo que Dios nos deja desde el principio de la Biblia acerca de cómo llevar la disciplina con nuestros hijos. Creo que es un tema súper importante, y más ahora que estamos en esta cultura de hijos que los tenemos que apapachar y que no se vaya a ofender y que no se vaya a traumar.

Vamos a estudiar cómo Dios trata con Adán y Eva cuando ellos desobedecen, y de ahí sacar verdades que podamos aplicar a nuestra propia paternidad. Adán y Eva pecan, desobedecen, le dan la espalda a Dios.

Y Dios le dice a la mujer, la consecuencia básicamente es: "En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz a tus hijos. Tu deseo va a ser sobre tu marido, pero él tendrá dominio sobre ti". Ese es básicamente Dios diciéndole a Eva: "Tú me desobedeciste y, como yo te lo prometí, esta es tu consecuencia".

A Adán le dice: "Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené diciendo: 'No comerás de él', ahí te viene tu consecuencia. Maldita será la tierra por tu causa, con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo eres y al polvo volverás". Esta es Dios cumpliendo su promesa a Adán de: "El día que hagas esto, esto te viene".

Aplicación: Dios es santo y justo; Su palabra es fidedigna y el pecado siempre trae consecuencias que Él mismo advirtió. **Pregunta de reflexión: Al considerar el juicio justo de Dios sobre el pecado de Adán, ¿cómo magnifica esto la gracia asombrosa de la sustitución de Cristo en la cruz por mi propio pecado?

Desarrollo: La Claridad y el Carácter de la Disciplina Divina

Hay una frase al final que creo que es el corazón del padre hacia nosotros, es una frase que resume Quién es Dios y quiénes somos nosotros para él. Porque llevándolo a mi paternidad, yo como papá, ¿qué puedo tomar de estas verdades?

Dios dice: "Si tú haces A (Adán), viene B". En el momento en el que Adán hace A, Dios no se tarda, inmediatamente lo empieza a buscar y en cuanto lo encuentra le dice: "¿Hiciste A?" "Sí, pero es que... pero es que fue culpa de la mujer". "Eva, ¿hiciste A, lo que sabías que estaba prohibido?"

Y aquí está bien padre, porque para poder corregir la falta, nos tenemos que asegurar que el niño sepa que es una falta. No se vale castigar a un niño porque hace algo que a ti te molesta, si el niño no sabía que eso estaba mal. La primera vez que el niño se equivoca, lo primero que tiene que venir es: "Oye, esto está mal. Necesito que entiendas que esto está mal". De manera que si reincide, entonces ya es necedad y ya aplica una corrección. No aplica la corrección a la primera.

Dios se asegura de que entienda: "Adán, esto no se hace. ¿Estamos de acuerdo? Okay, ya lo entendiste, perfecto. Si lo haces, viene la consecuencia". Adán y Eva lo hacen. "Eva, ¿hiciste esto?" "Sí". Perfecto, viene la consecuencia.

No hay chantaje de parte de Dios. Yo no veo a un Dios, a un padre diciéndole a Eva: "Eva, eres una desgraciada. Mira mi pobre Adancito, bien que iba y tú lo hiciste tropezar". No, no la chantajea. No le dice a Adán: "Yo que todo te di, que te puse sobre mi creación, ¿cómo se te ocurre darme la espalda?". Yo no... no, espérame, así no es Dios.

¿Por qué nosotros sí? ¿Por qué lastimar a nuestros hijos? ¿Por qué humillarlos? Dios no humilla a Adán cuando Adán peca. Dios no hace sentir mal ni le mete culpa. Eso es horrible, que tu papá te haga sentir culpable. Ya te sientes mal porque la regaste y te cacharon, y encima tu papá o tu mamá viene y te hace sentir peor.

Así no es Dios. Así no es Dios con Adán, así no es Dios con Eva, y así no es Dios conmigo.

Aplicación: Nuestra disciplina debe ser clara, habiendo establecido el estándar antes de la falta, y debe ejecutarse sin ira pecaminosa, culpa o humillación. **Pregunta de reflexión: ¿En qué áreas mi disciplina se parece más a mi frustración personal (ira, culpa, sarcasmo) que a la justicia santa y restauradora de Dios?

Aplicación Familiar: La Consistencia que Genera Confianza

"Yo te dije que si hacías A, entonces tu consecuencia sería B". Eso es otra que tenemos que aprender. Antes de que los niños pequen, antes de que desobedezcan, tenemos que establecer bien las reglas: "Yo espero esto de ti. Si no lo haces, entonces va a suceder esto". ¿Si lo entiendes? Y entonces, cuando el niño haga el error, cometa la falta, ya simplemente aplica la consecuencia.

El niño ya sabía que venía la consecuencia, y se aplica la consecuencia. Sin gritos, sin humillación, sin manipulación, sin ni siquiera un regaño. Es en amor: "Hijo, ¿te acuerdas que te dije que si hacías esto, pasaba tal?" "Sí". "¿Lo hiciste?" "Sí". "Viene tal". Y el niño no le queda otra más que decir: "Pues sí, es lo justo. Ya sabía y fui necio, pues está bien, lo recibo". No se enoja contigo.

Pero ojo, si le gritas, si lo humillas, si te desahogas, no te sorprenda que se endurezca. Y que cuando le digas: "Te amo, dame un abrazo", te rechace, porque tú no seguiste el modelo del Padre. Tú tomaste la justicia en tus propias manos, le diste rienda suelta a tus emociones.

Y no te quiero condenar, te quiero ayudar a reflexionar, y yo mismo estoy reflexionando mientras hablo. Cuántas veces he lastimado a mis hijos porque mis emociones, o me enojo, o su pecado activa algo en mí que me hace salir de mis casillas y entonces: "¡Ah, te voy a castigar porque hiciste tal!". Oh, espérame. Así no. Así no se comportó el Padre con Adán y Eva.

Aplicación: La consistencia en aplicar las consecuencias con amor y firmeza edifica la seguridad y la confianza en nuestros hijos; la inconsistencia crea inseguridad y fomenta la manipulación. **Pregunta de reflexión: ¿Estoy dispuesto a pagar el precio de la incomodidad momentánea (cumplir una consecuencia) para darle a mi hijo el regalo a largo plazo de la seguridad en mi palabra?

Reflexión: El Corazón del Padre en la Provisión (Génesis 3:21)

De hecho, el corazón de Dios es tal, y quisiera, ¡híjole!, cómo quisiera parecerme cada vez más a Él. Cuando Dios le dice a Adán y a Eva: "Ya no pueden estar en el huerto. Ustedes me desobedecieron. Lo que les prometí que les pasaría si pecaban es lo que va a suceder".

"Entonces el Señor Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió".

Ese es el corazón de Dios. "Yo te voy a cumplir. Yo te dije que si hacías A, venía B, y viene B, porque puedes confiar en que lo que yo digo, lo cumplo. Pero B está tan feo, está tan gacho el clima allá afuera, está tan fea la intemperie fuera del huerto, que te voy a crear un abrigo, que te voy a cuidar porque estoy a favor de ti, porque te amo, porque me preocupo, porque quiero que estés bien. Y entonces te voy a hacer un abrigo por lo que está allá afuera".

Y eso es algo que tenemos que entender, y es como el verdadero amor del Padre hacia los hijos. Es ese: "Yo, puedes confiar en mí, y te lo voy a demostrar". ¿Y cómo te demuestro que puedes confiar en mí? En el que si yo digo que si haces esto, entonces viene esta consecuencia, yo no puedo no darte la consecuencia, porque te voy a hacer una persona insegura.

Porque si yo te prometo que si tú mientes, entonces no comes postre, y mientes, y luego te digo: "Bueno, está bien. Ay, es que te quiero mucho, cómete tu postre", tu hijo va a escuchar: "Claro, mi papá es un mentiroso. No puedo confiar en mi mamá. Mi mamá dice una cosa pero hace otra". Y entonces se vuelven niños inseguros o manipuladores, o que te chantajean: "Al cabo, déjame le digo otra vez mil veces, que al cabo siempre me acaba diciendo que sí". Y le hacemos un daño a nuestros hijos.

"Ay, es que velo con su carita... Ay, cómo... Ay, bueno, está bien. Es que vinieron sus abuelos de visita y por eso pues sí lo dejé comer el postre porque pues qué mala onda". Pobre de tu hijo, le acabas de dar una lección de que no puede confiar en ti.

Y así como cuando le prometes llevarlo a Disney si se saca puros dieces, y mejor llévalo a Disney cuando se saque todos los dieces; igual, si tú le dices: "Si vuelves a agarrar esa lata de Coca, te vas a ir a dormir", caray, cuando la agarre, mándalo a dormir. Por amor. Por amor cumple lo que prometes, para que sepa que eres una persona confiable y entonces esté seguro y esté confiado, sabiendo que mamá y que papá cumplen lo que dicen.

Aplicación: La disciplina bíblica nunca está separada de la provisión y la gracia; aplicamos la consecuencia, pero también proveemos el "abrigo" que muestra nuestro amor incondicional. **Pregunta de reflexión: Así como Dios proveyó una cubierta (pieles) para Adán y Eva, la cual apuntaba a una cubierta mayor (la justicia de Cristo), ¿cómo puedo yo, después de la disciplina, apuntar a mi hijo hacia la gracia y el perdón que se encuentran solo en Jesús?

Conclusión y Resumen Práctico

Y nada más quiero reiterar el primer punto. Dios no humilla a Adán. Dios no le grita a Eva. Dios no chantajea ni manipula. Simplemente cumple lo acordado de la consecuencia que viene por el pecado. Nada más.

Y si la consecuencia está fea, Dios mismo provee para que sea más llevadera la consecuencia. Y ahí es donde yo digo: "Este es un Dios que ama". Y cuando eres bueno, te ama; y cuando eres malo, te ama. Y te da lo que te prometió, y te cubre y te apapacha aun en la disciplina y aun en la corrección. Él es bueno.

Y eso es lo que yo más quisiera para mí, para mis hijos, y que nosotros como papás pudiéramos abrazar estas simples verdades:

Número uno: Que tus hijos sepan bien lo que tienen que hacer y qué va a pasar si no lo cumplen.

Número dos: Cuando no lo cumplan, cumple tu palabra y dales lo que les dijiste que les iba a dar.

Número tres: Sin chantajes, sin gritos, sin humillaciones.

No hay nada que me rompa más el corazón que ver niños llegar a la escuela completamente apocados, con los hombros caídos, con lágrimas en los ojos, y que me digan: "Es que no es la disciplina, yo sé que me equivoqué. Pero es que cuando me gritan, solamente me quiero ir de mi casa". Que un niño de tercero de primaria diga eso, me rompe el corazón.

Cuántas veces yo le he hecho lo mismo a mis hijos, y me arrepiento. Y que hoy nosotros podamos decir: "Sí, voy a corregir a mis hijos, pero no los voy a humillar ni los voy a lastimar. Los voy a amar en la corrección".

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