Importancia de las Palabras de los Padres hacia los Hijos
A menudo se destaca el poder de nuestras palabras para edificar o dañar. Sin embargo, la Escritura nos ofrece el modelo divino y perfecto de lo que un padre, anclado en la Gracia de Dios, debe expresar a sus hijos. El motor de nuestra comunicación no es la autoayuda, sino la verdad de la Identidad en Cristo.
El Modelo de Afirmación: La Identidad dada por Dios
La Biblia nos revela el patrón perfecto de la paternidad en el evangelio. Observamos este patrón en el bautismo de Jesús (Mateo 3:13-17):
Después de ser bautizado, Jesús salió del agua, y los cielos se abrieron. Jesús vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y se oyó una voz de los cielos que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido".
Este es el <u>principio bíblico fundamental</u> que debe regir nuestra paternidad. Jesús, antes de realizar cualquier milagro, antes de predicar Su primer sermón, escucha la voz de Su Padre: "Tú eres mi Hijo amado, te amo y en ti me he complacido".
La Identidad precede y es independiente de la Obra. El Padre establece la identidad de Jesús antes de que Él inicie Su desempeño. La afirmación no es un premio por lo que Jesús ha hecho, sino una declaración sobre quién es (Su ser).
Nuestra Identidad como Hijos Amados
(El Fundamento de la Paternidad)
Como padres que hemos sido reconciliados con Dios por la fe en Cristo, nuestra propia seguridad no está en nuestro desempeño (como padres, ni en nuestro trabajo, ni en nuestra crianza), sino en que somos hijos amados y aceptados por Dios (Efesios 1:6). Esta es nuestra Identidad en Cristo. Solo un padre seguro en la Gracia puede ofrecer gracia incondicional a sus hijos.
¿Cómo se ve esto en la vida diaria desde mi nueva identidad en Cristo?
Paso 1: Identidad (Seguridad propia): Mi paz no depende de si mi hijo se porta bien, sino de que soy un hijo amado y perdonado por Dios. Mi gozo está en Cristo, no en el desempeño de mis hijos.
Paso 2: Carácter (Modelando la Gracia): Esta seguridad me capacita para modelar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), especialmente la paciencia y la benignidad, ya que no busco mi propia justicia en el comportamiento de mi hijo.
Paso 3: Acción (Hablar desde la Gracia): Mis palabras hacia mis hijos fluirán desde una copa llena de la Gracia que yo ya he recibido, no desde el vacío de mi necesidad de control.
Aplicando la Gracia en la Paternidad
La afirmación a nuestros hijos debe reflejar la que el Padre nos ha dado a nosotros: una comunicación de amor que no espera el éxito para ser expresada.
Aplicación Directa que Fluye de la Gracia:
Comunicar Amor Incondicional (Identidad): Nuestros hijos deben saber que nuestro amor por ellos es una verdad anclada en que son nuestros hijos (un regalo de Dios), no en lo que logran.
La paciencia se demuestra cuando, en lugar de reaccionar con ira, respondemos a nuestro hijo desde la seguridad de que nuestra paz no depende de su comportamiento, sino de nuestra posición en Cristo.
Afirmación Pública y Privada (Carácter/Acción): Así como Dios afirmó a Jesús de manera audible y luego lo repitió en la Transfiguración (Mateo 17:5), debemos afirmar la identidad de nuestros hijos en privado y públicamente.
Enfatiza el Ser antes que el Hacer: En lugar de solo alabar la habilidad ("¡Qué buen gol metiste!"), afirma el corazón o el esfuerzo ("Vi tu perseverancia, me enorgullece tu esfuerzo. Eres un niño que se esfuerza.").
Palabras que Transforman el Corazón: Las palabras de un padre tienen el poder de moldear la autoimagen y la seguridad. No esperemos a que "merezcan" el amor. Se lo damos constantemente, especialmente en el momento de su fracaso o pecado.
La aplicación central: Cuando tu hijo cometa un error, repréndelo en amor por la acción, pero inmediatamente abrázalo y dile: "Tú eres mi hijo, te amo y estoy complacido con quien Dios te ha hecho. Mi amor por ti es incondicional, tal como el amor que mi Padre me da en Cristo". Es en esos momentos cuando sus corazones más necesitan escuchar esas palabras ancladas en la verdad.
No amamos a nuestros hijos por lo que hacen, sino por quienes son. Este espacio existe para recordarles a los padres que el mayor gozo es ver a nuestros hijos andar en la verdad, sabiendo que su valor no está en su desempeño, sino en la obra consumada de Cristo.
Preguntas para Reflexión y Aplicación:
Identidad y la Gracia: ¿Cómo cambiaría mi reacción inmediata ante la desobediencia de mi hijo si mi seguridad estuviera firmemente anclada en que soy un hijo amado por Dios (Efesios 1:5) y no necesito la perfección de mi hijo para sentirme un padre exitoso?
Carácter y el Evangelio: En una situación de conflicto, ¿estoy apelando a la identidad en Cristo de mi hijo (o a la dignidad que le otorgamos) o solo estoy buscando cambiar su comportamiento externo por mera moralidad, sin señalar a la raíz del corazón?
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